martes, 17 de septiembre de 2019

¿A QUÉ LE ESTÁS DICIENDO QUE SI, Y QUIERES DEJAR DE DECIRLO?




Hablaba en artículos pasados de la comunicación y las fallas que tenemos. Pues a veces con los que más fallamos al comunicarnos es con nosotros mismos.

¿Te acuerdas de ese juego del teléfono descompuesto? En donde alguien dice una frase y la dice en secreto al compañero de junto, el cual la repite al que sigue y así hasta llegar al último, quien la dice en voz alta y generalmente no tiene que ver con la frase inicial.

No sé quien inventó ese juego pero me parece que se basó en una historia personal muy común, en dónde jugamos teléfono descompuesto con nosotros mismos y las emociones, la razón y las palabras que emitimos se asemejan a tres amigos con diferente percepción.
·       
  •          Tenemos amistades tóxicas que empañan nuestro ambiente y cada vez que nos dejan enojados o lastimados,  nos decimos en la mente que no las volveremos a ver, pero cuando nos buscan con un nuevo problema, decimos que sí y las dejamos entrar de nuevo.
  • ·        Nuestro hijos nos piden un permiso, para ir con unos amigos, o a alguna fiesta que sabemos que no le conviene, que le hace mal, que lo pone en riesgo, y de todos modos decimos que si.
  • ·        Decimos que si a los panecillos, las azúcares, el tabaco, el alcohol, aquello que le hace daño a nuestra salud, y lo sabemos.
  • ·        A postergar lo que necesitamos, debemos o decidimos hacer porque nos va a traer algo bueno.
  • ·        A gritar, perder el control, insultar.


¿A qué le sigues diciendo que sí, cuando quieres decir no?


En el juego del teléfono descompuesto se pierde la información por mala dicción, por mal oído, por distracción interna, por ruidos externos.  ¿Qué te hizo perder a ti, la comunicación?

i)        Porque tu emocionalidad no tiene buena dicción, porque la has tenido sometida, apagada, no la respetas, te falta voluntad?

ii)       Porque tu cabeza está escuchando lo que quiere, e interviene tu dialogo interno que te dice que puedes  
(a)    Perder la confianza
(b)   Perder el amor
(c)    Perder la comodidad
Y no sabes que hacer. Tu propia historia te está traicionando?

iii)     Por el ruido externo que te dice que está bien que sigas así, que te da consejos sin tener autoridad, que te dice que es lo correcto aunque tu cabeza o tu corazón digan lo contrario.

¿Por qué perdiste la comunicación?


En el juego del teléfono descompuesto, el final es muy gracioso y termina en risa y buen humor, des afortunadamente en este de la vida real, se aleja mucho de ser gracioso porque seguir diciendo que si, a lo que quieres dejar de decirlo, tiene un precio y a veces es muy alto.

¿Qué precio estás pagando por seguir diciendo si?

Tu salud, dolores de cabeza, tu bienestar, el buen desarrollo de tus hijos, tu integridad, una vida más plena.
iv)     Porque te está faltando ver que el beneficio de dejar de decir Si es mayor al precio que pagas por seguirlo diciendo.  

Cuando dices que si a esas galletas, pagas un precio en tu salud, que si dejaras de decirlo, te sentirías mejor, serías más feliz, estarías más saludable.

Analiza estas tres preguntas y se más congruente con tu comunicación, no juegues más al teléfono descompuesto con tu estar bien.

Los invito al curso del 28 y 29 de septiembre de orientación vocacional para jóvenes, en dónde encontrarán todo lo que necesitan para definir qué carrera estudiar a partir de su SER y para lograr sus metas de vida. 

En octubre empieza el entrenamiento para papá en donde podrán hacer un cambio en su estar siendo para ser más eficientes en la educación de sus hijos. El próximo martes 24 de septiembre  les daré más información en Facebook Live   https://www.facebook.com/yourselflamejorversiondeti/

Como papá recupera tu congruencia y sálvate a ti primero.


miércoles, 11 de septiembre de 2019

ENCUENTRA EN TI LO QUE ESTÁS BUSCANDO




TU ESTABAS DENTRO DE MI, Y YO FUERA Y FUERA TE ANDABA BUSCANDO

Como San Agustín podemos pasar la vida casi entera buscando satisfacer en el exterior la sed que tenemos de reconocimiento, amor, de seguridad, de dirección, de aprobación, confianza.

Para quienes no sepan la vida de este gran hombre,  se las cuento más adelante breve mente, pero antes te pregunto ¿Qué estás buscando afuera? Que es lo que continuamente buscas de manera aguerrida con una y otra persona o con una y otra situación, y  quizá si encuentras, pero de manera fugaz, esto es, tan pronto como llega se escapa, no te llena, no te satisface de verdad.

¿Qué estás buscando afuera?

Buscas afuera porque lo que tienes adentro está escondido como cuando en un cuarto desordenado, como esos que tienen los adolescentes, quieres encontrar tus llaves. Necesitas ir recogiendo poco a poco, no simplemente echando de un lado a otro, porque podrían volver a quedar escondidas sino que necesitar ir doblando la ropa tirada, acomodando los libros, los zapatos,  para que así, en la limpieza, se puedan ver las llaves que estaban por ahí en los escombros.

¿Qué te impide a ti encontrar lo que tienes dentro?

San Agustín era un joven sumamente desordenado, era parrandero, era mujeriego, era un guapo y muy talentoso, era listo y era muy sobresaliente en el arte de hablar en público, lo contrataban para dar discursos públicos importantes, y eso lo llenaba de orgullo; una mujer poderosa lo contrato para que debatiera con el obispo y lo derrotara comprobando que Dios no existía, y él en la búsqueda de argumentos, se encontró con Dios. A él le impedía el orgullo, la vanidad, la inercia de tener aparentemente mucho que hacer entre tanta parranda, lo mantenían distraído y aunque en ese momento no estaba consiente, lo mantenían también vacío.

¿En dónde lo estás buscando?
¿Qué necesitas, como esas camisas,  pantalones,  libros,  zapatos poner en orden para encontrar dentro de ti, lo que tienes perdido adentro? El miedo, en dolor, el rencor, la sobre actividad, tu diálogo interno, que te dice, no puedes, no eres bueno, la historia que te contaron y te has creído, esto es mucho para ti, tú no eres bueno en esto, tienes que ganar aplausos.    
San Agustín, cuando encontró a Dios, se convirtió se dio cuenta de que había estado perdiendo el tiempo, de que se había estado perdiendo del brillo que le daba la presencia de Dios en su vida. Y  encontró la plenitud, fue un gran santo y amo muchísimo a Dios, su vida cambió y la de muchos alrededor, escribió una gran cantidad de tratados de documentos que es su legado.

¿Qué te estás perdiendo por no encontrar dentro de ti, lo que buscas fuera? 

De ser auténtico, de andar con menos peso, de tener mejores relaciones, de triunfar en lo que realmente te gusta.

Necesitas encontrar dentro de ti lo que busques fuera y cuando lo logres te vas a liberar todo tu potencial y además vas a poder darlo a los demás. Porque nadie puede dar lo que no tiene.  Logrando relaciones mejores y una vida mucho más satisfactoria.



¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva,
tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera,
y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era,
me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste.
Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.
Retenían me lejos de ti aquellas cosas que,
si no estuviesen en ti, no existirían.
Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera;
brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera;
exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo;
gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti;
me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti.
Agustín de Hipona